Estimad@s herman@s scouts:

 

Para ninguno de nosotros pasó desapercibido lo que sucedió en Haití. Fuimos testigos, a través de la televisión, de las grandes afectaciones que el terremoto causó en el pequeño país antillano. Imágenes impresionantes de miles de casas y edificios completamente colapsados, de miles de personas vagando por las calles en busca de algo que comer o de auxilio médico y de toneladas y toneladas de ayuda extranjera, que si n embargo no eran suficientes por la magnitud del daño.

 

Para muchos de nosotros estas imágenes trajeron los recuerdos de lo sucedido en 1985 en la Ciudad de México, cuando un terremoto sumió a toda nuestra capital en el dolor y la angustia. Recordamos cómo fue que en aquella ocasión colaboramos en las labores de remoción de escombros, preparación de alimentos, dirección del tránsito vehicular, etc.

Ahora , después de casi 25 años, una catástrofe de mayores dimensiones se presentaba en un país de nuestro continente. La ayuda que necesitan es aún mayor, no sólo porque la naturaleza se manifestó en mayor grado, sino porque Haití es un país sumamente pobre, en donde aun sin desastres naturales, el hambre y las enfermedades cobran su cuota de muerte diariamente.

 

El terremoto en Haití me hizo reflexionar, nuevamente, lo vulnerables que somos como seres humanos ante los embates de la naturaleza y de lo importante que es el sentirnos hermanos , de manera tal que actuemos a favor de redimir la tragedia ajena. 

 

Hoy en día no podemos dejar de lado lo que en otro lado del mundo sucede. Las acciones que realizamos en nuestro lugar pueden afectar, positiva o negativamente, a otras personas que ni siquiera conocemos en un lugar muy distante.  Evidentemente tenemos que buscar que nuestras acciones afecten positivamente a todos los que habitamos a nuestro planeta. Esto nos lleva a hacer despertar nuestra conciencia para entonces hacernos responsables de nuestros actos y escoger sólo aquellos que benefician a los demás, no importando que tan cerca o lejos estén.

 

Pareciera que el lado bueno de estas tragedias es que a toda la humanidad nos recuerda la regla de oro, promovida por las grandes religiones “haz el bien a los demás como lo harías para ti mismo”. La ayuda a los demás no es una acción temporal y que sólo debe brotar ante las escenas desgarradoras de dolor, debe convertirse en una actitud ante la vida, una especie de tributo que uno decide pagar a diario por la dicha de estar vivo.

 

Siempre listo para servir

Raúl Sánchez Vaca

Jefe Scout Nacional

Nº31

Edición

Febrero 2010

Scouts de México

 

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